Anoche vi la entrevista de Jordi Évole a Arnaldo Otegi en Salvados y lo hice con gran interés. Con el mismo interés que puedo ver The Act of Killing o el mismo interés que tendría en ver una entrevista a Adolf Hitler o a Iósif Stalin.
¿Por qué? No sólo porque es algo que me permite asomarme al insondable abismo de la condición humana, sino porque quizás pueda aprender algo de la experiencia.
El momento álgido de la entrevista llega, para mí, en este momento (especialmente a partir del minuto 1:09).
Otegi cuenta con la habilidad dialéctica que se le supone a cualquier profesional de la política, pero… ¿qué cuerpo nos deja su tono de voz, su lenguaje corporal y, cómo no, ese «mensaje velado»? Ese instante en el que Otegi le recuerda a Évole que es «prudencial» evitar «espetar» ciertas cosas en determinados contextos…. por lo que pueda pasar.
No deja de resultar paradójico que una misma misma persona pueda defender la necesidad de que los crímenes del franquismo sean reconocidos y reparados y, al mismo tiempo, considere que se puede «pasar página» y olvidar, sin más, la actividad de Euskadi Ta Askatasuna, aunque nadie haya condenado lo ocurrido, el desarme no se haya producido, etc.
La entrevista de ayer pone de manifiesto algo evidente: que algunos consideran que cualquier medio es admisible para alcanzar determinados fines. Y si para alcanzar esos fines hay que asesinar guardias civiles, militares, políticos, periodistas o mujeres y niños, se hace. Si hay que secuestrar, extorsionar o enviar al exilio a todos aquellos que no apoyen nuestra causa, se hace. Porque el fin perseguido lo legitima. Y punto.
Supongo que ésa es la diferencia entre unos y otros… que algunos aún creemos que el fin no justifica los medios.