Han corrido ya ríos de tinta debido a la intervención de Pablo Iglesias en un acto celebrado en la Universidad Complutense de Madrid. Vídeo a continuación:
Tras reflexionar sobre lo acontencido, Pablo Iglesias se disculpó a través de su cuenta de Twitter.
Se disculpó… Pero poco, como salta a la vista. Después de todo, dijo «la verdad». Su verdad, claro. Una verdad que otros no comparten, como refleja Teodoro León Gross en su artículo «El miedo de los demócratas».
Tirando de hemeroteca, lo que nunca dejará de maravillarme es que haya medios de comunicación en este país que le bailen el agua a Podemos… no sólo por sus constantes desplantes a los profesionales del periodismo, sino por sus tesis en relación a los medios de comunicación privados. Sobre todo con los que mantienen una línea editorial que no le agrada:
Es evidente que cuestionar el papel que juegan los medios de comunicación en nuestra sociedad no es un asunto baladí (ese «cuarto poder» que preconizcó con enorme lucidez Edmund Burke) y no deja de ser paradójico que algunos miembros de Podemos denuncien que los medios los maltratan, cuando es evidente que nuncan se hubieran convertido en lo que son sin el colosal respaldo recibido («¿Por qué llora Podemos? Los medios te dan, los medios te quitan: a propósito de Podemos, Ciudadanos y UPyD» en El blog del viejo topo).
Dicho todo esto, hay otra cuestión que no me gustaría que pasase desapercibida puesto que, como afirmé en «Lo realmente importante en el “titirigate”«, en ocasiones el bosque no nos deja ver las ramas. Resulta que el evento en el que estaba interviniendo Pablo Iglesias era la presentación de un libro de Carlos Fernández Liria. Un libro titulado «En defensa del populismo».
Lo voy a repetir: «En defensa del populismo».
Pues eso.