Pasada ya la resaca de las elecciones de ayer, me gustaría compartir unas breves reflexiones acerca de los resultados.
Partido a partido
Partido Popular
No cabe duda de que el gran beneficiado de la repetición de elecciones ha sido el Partido Popular. Ha ganado en 42 provincias, consiguiendo catorce escaños adicionales (pasa de 123 a 137). Es el único partido que ha mejorado sus resultados en comparación con los comicios precedentes.
No puedo negar que a lo largo de las últimas semanas me he acordado repetidamente de las palabras de Esteban Hernández en el artículo que publicó en El Confidencial el 4 de abril con el título «Corrupción: La trampa que ha tendido Rajoy a sus rivales y que firmaría Mourinho»:
«Los populares han vivido un tiempo relativamente cómodo, con su líder en perfil bajo, a la espera del fracaso ajeno, y los demás no han salido especialmente bien parados».
Esteban Hernández
Y así ha sido. Los intentos de PSOE y Ciudadanos para formar gobierno no han hecho más que desgastarlos ante la imagen pública. El voto del miedo ha dado sus réditos y ha reforzado la posición de un Partido Popular liderado por Mariano Rajoy, que se perfila como nuevo presidente del gobierno con la abstención de PSOE y Ciudadanos.
PSOE
El PSOE ha salido malherido, haciendo gala del peor resultado electoral de su historia (pasa de 90 a 85 escaños), pero vivo. El escenario que se presenta es el menos malo, ya que la coalición con Unidos Podemos para formar gobierno no es viable y esto les permitirá mantenerse cómodamente como líderes de la oposición y, si están a la altura de las circunstancias, acometer un proceso de regeneración del todo imprescindible (tan apremiante como lo es para el PP). Pedro Sánchez es historia, el PSOE parece haber salvado los muebles in extremis… y, si no se ocupan de ordenar su casa, pueden encontrarse con más sustos. Ojito.
Unidos Podemos
Mantiene sus 71 escaños. Tras las expectativas generadas, es evidente que esta confluencia de confluencias ha sido la gran derrotada de estas elecciones. ¿Los motivos de que no haya mejorado sus resultados adelantando al PSOE? Son diversos, pero podemos enumerar algunos:
- Escasa credibilidad.- Si nos remontamos más allá del último año, la hemeroteca es demoledora con los líderes de Podemos. Las contradicciones ideológicas y programáticas han sido constantes, como es normal en todo movimiento populista, pero es que incluso en los 12 meses más recientes hemos sido testigos de cómo Podemos ha pasado de ser un «movimiento transversal» que decía haber superado la dicotomía izquierda-derecha para convertirse en un partido «socialdemocráta» que, paradójicamente, no tiene reparo alguno en concurrir a las elecciones de la mano de un partido antidemocrático como es el Partido Comunista (léase Izquierda Unida). Podemos es un partido que pasa de considerar el himno nacional como una «cutre pachanga fachosa» a envolverse en la bandera española para poner colofón a su campaña electoral. Las contradicciones en que han incurrido son inabarcables… pero nuestra memoria es frágil.
- Brexit.- Podemos es el único partido mayoritario que defiende la pertinencia de llevar a cabo un referendum de autodeterminación en las zonas de España que lo demanden. Es probable que el resultado del referendum bitránico haya servido para abrir los ojos a algunos que defendían la idoneidad de recurrir a una consulta popular para solucionar un conflicto de forma ilegítima, propiciando que un grupo de españoles tomen decisiones sobre el futuro de todos (cosa que no tiene ningún sentido). Por otra parte, sus vínculos con gobiernos de terceros países tampoco han ayudado a tranquilizar al electorado.
- Revanchismo.- Y no me estoy refiriendo tan sólo a cuestiones dialécticas del estilo «cal viva», sino a la defensa de sujetos como Alfonso Fernández Ortega (alias «Alfon»), Andrés Bódalo, Arnaldo Otegi, Pablo Ribadulla (alias «Hasel») y un largo etcétera. Beligerancia en el discurso y partidismo manifiesto, una y otra vez.
- Decepción.- Tras demostrar repetidamente su desinterés en alcanzar acuerdos con el PSOE, impidiendo la formación de un gobierno de «progreso».
Lo cierto es que resulta complicado hacer una valoración positiva del papel que ha jugado Podemos en la gobernabilidad del estado. Mariano Rajoy podría haber sido desalojado del poder… si el equipo de Podemos no hubiera antepuesto sus intereses partidistas a los del país, claro, forzando una nueva convocatoria electoral.
Considerando que Unidos Podemos no es otra cosa que una amalgama ingobernable de identidades e intereses (recordemos que pusieron a disposición de los votantes 15 papeletas distintas en los colegios electorales en toda España), ahora llega el tiempo de los cuchillos largos… ya veremos con qué resultados.
Ciudadanos
Como era de esperar, C’s es la formación política que más ha sufrido la polarización de la campaña. Pasa de 40 a 32 escaños debido, fundamentalmente, a tres razones:
- La concentración del «voto útil» en el PP para frenar al populismo.
- La incomodidad que su pacto para formación de gobierno con el PSOE ha causado en sus votantes más afines al PP.
- La feroz competencia en el «caladero» ideológico de Ciudadanos. Tanto PP como PSOE luchan por el votante menos radicalizado.
400.000 votos menos y tiempo para continuar vertebrándose como partido, cosa muy necesaria para una formación que ha crecido de forma exponencial en tiempo récord.
Algunas conclusiones
Tres apuntes adicionales:
- Los partidos nacionalistas ceden protagonismo, pero seguirán desafiando a la administración central. Y no se divisan soluciones en el horizonte.
- La derecha sociológica sigue sin contar con representación parlamentaria (cero escaños para Vox) y dudo que gran parte del votante de centro-derecha se sienta representado por el PP. La conclusión evidente es que España sigue en manos de fuerzas progresistas… incluyendo las que dicen no serlo, pero se comportan como si lo fuesen aplicando las recetas de la izquierda (léase Partido Popular).
- Si todo el mundo hace los deberes, la próxima legislatura contará con un gobierno débil obligado a buscar apoyos para la aprobación de cualquier iniciativa legislativa. Lo ideal sería que esta coyuntura se aprovechase para llevar a cabo las grandes reformas que necesita España, aunque los antecedentes no invitan al optimismo.
Lejos de caer en la complacencia, merece la pena preguntarse si nuestros representantes políticos han abordado a lo largo de la campaña electoral los verdaderos problemas que tiene nuestro país y que requieren medidas urgentes. La respuesta es, desafortunadamente, no. Asimismo, resulta esencial trabajar para la reconciliación de una sociedad, la española, cainita hasta la médula y dada al maniqueísmo más burdo. O la Tercera España acaba por imponerse, o vendrán, de nuevo, tiempos de enfrentamiento.
Stop populismo… por ahora.