Combatiendo el populismo

Ayer mismo publiqué el artículo «Y las urnas dijeron… stop populismo». Un buen amigo ha reaccionado afirmando «Populismo?… populistas son todos. Incluso el PP que lleva popular en sus siglas» y creo que ese comentario merece una reflexión por sí solo.

He utilizado el término «populismo» con anterioridad, pero no recuerdo haber intentado definirlo y creo que ha llegado el momento de hacerlo. Vamos allá.

¿Qué es el populismo?

Según la Real Academia Española se trata de una «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». Profundicemos un poco más.

Oportunismo

Los movimientos populistas florecen en situaciones de crisis económica y social, apoyándose en el malestar de grandes bolsas de población. Su desarrollo se basa en la defensa de propuestas electoralistas para acceder al poder y perpetuarse en él, incluso aunque estas medidas comprometan el desarrollo futuro del país a medio y largo plazo.

Tendencia a la simplificación dicotómica

Es decir, «buenos» contra «malos». La legítima defensa del pueblo (la patria) contra aquellos que sólo desean su destrucción (esos enemigos imaginarios, sean internos o externos, que actúan como chivo expiatorio y justifican lo injustificable).

Antielitismo

Directamente relacionado con el punto anterior, los movimientos populistas tienden a presentar los intereses de las clases económicamente más pudientes como separados y contrarios a los de las más bajas.

Radicalidad ideológica

Los movimientos populistas son movimientos radicales, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha.

Articulación de discursos emocionales

Utilizando mensajes simples que apelan a los sentimientos antes que a propuestas programáticas elaboradas.

Movilización social

La excusa perfecta para tratar de legitimar cualquier cosa. Demostraciones de fuerza basadas en manifestaciones y otras formas de movilización social, ignorando los cauces institucionales previstos por el ordenamiento jurídico que vertebran los estados modernos. Se apela a la democracia, ignorando premeditadamente que las consultas populares no están por encima de todo porque no existe estado democrático sin estado de derecho.

Utilitarismo institucional

Las instituciones se convierten en meros instrumentos para lograr la hegemonía política. Como éste es el único fin perseguido no hay reparo alguno en desvirtuarlas, pervertirlas o corromperlas todo lo que sea necesario para preservar el poder. La separación de poderes es un obstáculo para el populismo y, por consiguiente, uno de sus objetivos principales será desarbolar toda institución independiente que pueda limitar de alguna forma su poder.

Mesianismo

Basado en un liderazgo carismático que juega un papel fundamental para comunicar el mensaje del movimiento.

Supresión del disenso político

Las fuerzas opositoras son deslegitimadas de forma sistemática y recurrente. El 5 de febrero publiqué un artículo titulado «Comparando lo incomparable» en el que aseveraba:

[…] en la política moderna los gobernantes están obligados (moralmente) a hacer lo posible por cumplir los compromisos adquiridos con sus votantes a través de sus programas electorales, pero, al mismo tiempo, deben gobernar para todos los ciudadanos. Incluso para los que no piensan como ellos.

El problema de que el gobernante se identifique con “el pueblo” es que todo el que no piense como él, todo el que defienda posiciones distintas, será un enemigo del pueblo. La divergencia no cabe en este escenario, no hay discrepancia posible, y la democracia se convierte en un juguete roto: su mecánica natural deja de funcionar. Eso es, entre otras cosas, lo que caracteriza a los populismos: el líder visionario es el único representante legítimo del pueblo, su voz, el instrumento de su voluntad. Todos los demás son disidentes, traidores, miserables que no respetan los deseos de la “gente normal”, “los de abajo”, “la gente decente”.

El deber de los demócratas

Los movimientos populistas no entienden de colores… los hay de extrema izquierda, como Syriza en Grecia, y de extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia.

Reproduzco a continuación un fragmento del artículo «El BCE alerta del auge de los partidos populistas en Europa» en el que se enumeran muchas de las formaciones populistas activas en la Unión Europea:

Muchos de ellos apoyan una disolución ordenada de la unión monetaria y un endurecimiento de la regulación de la inmigración. Estos partidos son Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland: AfD), el Partido Finlandés (Perussuomalaiset) en Finlandia, el Frente Nacional (Front National: FN) en Francia, Syriza, que está gobernando, y el Independiente, en Grecia.

En Italia hay varios movimientos populistas como: el Movimiento Cinco Estrellas (Movimento 5 Stelle: M5S), la Liga Norte (Lega Nord:LN) y Forza Italia (Forza Italia: FI).

En Holanda está el Partido para la Libertad (Partij voor de Vrijheid: PVV) y en Austria el Partido Libre de Austria (Freiheitliche Partei Österreichs: FPÖ), que acaba de perder por muy poco las elecciones presidenciales en el país.

En España, Podemos y en el Reino Unido el United Kingdom Independence Party (UK IP).

La democracia tiene el derecho y la obligación de velar por su propia supervivencia (recomiendo la lectura de «El Poder: los genios invisibles de la ciudad», por Guglielmo Ferrero, para profundizar en esto). Por tanto, es legítimo adoptar las medidas oportunas para salvaguardar las instituciones del estado.

En países de fuerte tradición democrática, como Francia (Frente Nacional) o Bélgica (Vlaams Belang), han recurrido a la utilización de «cordones sanitarios» para impedir la toma de las instuciones por movimientos populistas. Sin embargo, es necesario señalar que esto no es gratuito, ya que tiende a legitimar la posición de estos movimientos a ojos de sus simpatizantes.

En el caso de nuestro país la aplicación de un cordón sanitario a Podemos se ve dificultado por varios factores, de entre los que merece la pena destacar la creciente desafección entre los ciudadanos y sus representantes, así como la imposibilidad de alcanzar acuerdos entre los dos partidos políticos hegemónicos provocada por:

  • La posición de debilidad del PSOE, que no ha dudado en apoyar o apoyarse en Podemos para la formación de gobiernos locales y autonómicos en toda España.
  • La soledad del PP, incapaz de alcanzar acuerdos de gobierno y asolado por la corrupción sistémica.

Hagan sus apuestas, ¿veremos un cordón sanitario aplicado a Podemos en España?

Bonus.- Aquellos que estén interesados en aprender acerca de la relación entre extremismos y democracia disfrutarán con el blog de Xavier Casals.