Los valores de las culturas islámicas en occidente

Yves Michaud es un autor prolífico. Cosecha del 44, estudió filosofía y ciencia en la École Normale Supérieure de la Sorbona parisina. Durante la primera etapa de su trayectoria como investigador se especializó en la violencia política y el empirismo (sobre todo en la obra de J. Locke y D. Hume). Dirigió la Escuela Nacional de Bellas Artes de la «Ciudad de la Luz» desde 1989 hasta 1997 y ha ejercido como docente en las universidades de Berkeley, Edimburgo y París. Entre otras cosas.

Buscando información acerca de una de sus obras me he topado con una entrevista breve que le realizó Joseba Elola poco después de la masacre de Charlie Hebdo, publicada en el periódico El País. La entrevista se titula «Los valores de las culturas islámicas son incompatibles con los nuestros» y en ella Yves Michaud defiende que:

  1. Existen modelos de sociedad incompatibles.
  2. El auge del fundamentalismo religioso no es ninguna sorpresa, especialmente en una juventud huérfana de reglas… asustada de su propia libertad.
  3. Antes o después asistiremos a la constitución de partidos políticos que defiendan los intereses de la comunidad musulmana, de la misma forma que ha habido partidos que han representado a otras comunidades (por ejemplo, los democristianos).
  4. No hay demasiados motivos para el optimismo. Más bien todo lo contrario.

Y me temo que todo esto es extrapolable a España, aunque en menor medida (como es natural, el mayor impacto se producirá en las áreas con mayor población inmigrante proviente de países de tradición islámica). Una sociedad en la que las incongruencias son el pan nuestro de cada día, como resultado de que la idiotez parezca imponerse y  la responsabilidad brille por su ausencia (tanto la individual como la gubernamental).

Para muestra, un botón: el hecho de que mientras se defiende una enseñanza aconfesional se apruebe la asignatura de religión islámica en educación infantil. Una asignatura que se impartirá por profesores elegidos por la Comisión Islámica de España (cuyos estatutos no contemplaban hasta hace bien poco que las mujeres puedan formar parte de sus órganos de gobierno) y utilizando como base libros elaborados por el propio organismo, tanto en centros educativos públicos como privados y concertados. ¿Debe tener cabida el proselitismo en los centros de educación pública, sea por parte de la comunidad religiosa que sea? ¿Debe ser motivo para la modificación del calendario escolar, de los menús de los comedores o de los uniformes de los alumnos? Preguntas que, más pronto que tarde, van a necesitar respuestas.

A la luz de las opiniones vertidas por Yves Michaud, parece que no soy el único que alberga dudas razonables acerca de la compatibilidad del islam y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.