Dando continuidad a la Resolución 1481 del Consejo de Europa, de 25 de enero de 2006, el Parlamento Europeo condenó en una resolución, el 19 de septiembre de 2019, los crímenes cometidos por los regímenes totalitarios a lo largo del siglo pasado.
Las reacciones no se han hecho esperar, como es lógico, y los nostálgicos han puesto el grito en cielo, cosa que no sorprende a nadie. En la condena del nazismo existe mayor consenso, pero no tanto en lo que se refiere al comunismo y el estalinismo. Lo cierto es que ya le he dedicado cierta atención al fenómeno negacionista en relación a los crímenes de estos regímenes, así que con eso hay que contar. La realidad es que, al tratarse de un dictamen no vinculante, en España seguiremos gozando de monumentos que ensalzan a los héroes de estas ideologías.
Históricamente hablando, los movimientos ideológicos de izquierda han tenido un serio problema con la violencia (bueno, más bien el problema lo han tenido los que no compartían sus doctrinas), que en Europa va a más: comunismo, socialismo y, cómo no, nacional-socialismo (porque el hecho de que la ideología nazi sea «extrema derecha» es bastante discutible… recomiendo la lectura de este artículo publicado en BBC News con el título «¿Era el nazismo un movimiento de izquierda o de derecha?» ).
Mientras algunos luchan por el reconocimiento de la «memoria», otros lo hacemos para que se salvaguarde la Historia. Dos cosas muy distintas.