El despertar… de la guerra cultural en occidente

Resulta cuanto menos curioso contemplar cómo occidente avanza sin dilación en el proceso de devorarse a sí mismo.

La denominada «guerra cultural» es una realidad incómoda que puede sonar a contubernio judeomasónico (en estos momentos tendría más sentido sustituir «judeomasónico» por «globalista», por ejemplo), pero que no por ello es menos real. Así, el siguiente vídeo puede parecer gracioso… pero cada vez tiene menos de ficción (y de humor):

La realidad objetiva no importa ya, sólo importa la experiencia subjetiva. La verdad no importa ya, sólo importa la experiencia. La igualdad ya no importa, sólo lo hace la identidad segregativa. Post-verdad, post-modernidad, post-capitalismo. Esto tiene nombre y en los EE.UU. está pegando fuerte (desde hace años, además). Argemino Barro lo explica con claridad meridiana en este extenso artículo dividido en varias entregas, que no tiene desperdicio, sobre la «cultura woke»:

Cuestionar estos dogmas no sale gratis, todo lo contrario. Supone arriesgarse a una «muerte civil» porque la corrección política, que se materializa en la «cultura de la cancelación», no hace prisioneros. La situación es tan esperpéntica que los chinos han acuñado una palabra para describir a todos esos occidentales que están empeñados en destruir su propia civilización: «baizuo», nos llaman. Igual tenemos que hacérnoslo mirar… y rapidito, porque al paso que vamos la implosión puede llegar a ser irreversible.

Por lo que parece, occidente necesita mucho psicoanálisis y muchos Harald Eia que se atrevan a cuestionar dogmas como en la serie documental Hjernevask («lavado de cerebro»).