Dos perlas de Álvaro Guzmán de Lázaro acerca del ahorro y los bancos centrales

Recomendable entrevista de María Igartua a Álvaro Guzman de Lárazo para El Confidencial, de la que destaco dos perlas:

Tengo pocas dudas de que China va a tener problemas serios a corto plazo, debido a las burbujas de sus sistemas financiero e inmobiliario, y a largo plazo, debido al deterioro medioambiental y a la estructura de su pirámide poblacional. Sin embargo, el apunte sobre su cultura del ahorro me parece muy interesante:

En China lo que vemos es que la gente ahorra el 40% de lo que gana y cuando en un país la gente ahorra el 40% de lo que gana no suelen pasar cosas malas. Dicho esto, como hay un Estado que ha decidido hacer unos planes quinquenales donde el mercado actúa poco, pues en esa parte han tenido problemas. Las compañías estatales chinas en sus balances tienen algún que otro agujero.

Lo que pasa es que tienen una población que trabaja mucho, ahorra mucho, cada vez hace cosas más complicadas y mejores… eso se llama alargamiento de la estructura productiva. Lo que quiere decir es que en lugar de hacer juguetes y textil, ahora hacen aviones y trenes. Entonces el futuro es China. Hacen de todo y eso es porque tienen capital y factor trabajo hiperbarato e hiperflexible.

Eso, con una población que está creciendo, me hace pensar que en China van a pasar cosas buenas.

Y no menos valiosa esta reflexión acerca del papel de los bancos centrales y su mal entendido keynesianismo, que parecen estar dispuestos a reinventar el sistema capitalista:

La banca central al final es una máquina de equivocarse permanentemente. Es un diagnóstico keynesiano diciendo que aquí lo que falta es demanda. Y demanda no falta jamás. Porque los deseos del ser humano son infinitos… El error está en la oferta, en hacer 800.000 casas y que luego te sobran 500.000. El problema es cuando hay señales erróneas y el empresario ha pensado que había ahorro suficiente para comprar 800.000 casas y no lo había.

La banca central es keynesiana. Es decir, piensa que es un problema de demanda y cómo voy a crear demanda artificial, pues inyectando dinero en la economía… pero si fuera así Zimbabue sería el país más rico del mundo, o Argentina. Lo que pasa es que me ahorro problemas políticos…

¿Crisis? ¿Qué crisis?

A la vista del comportamiento de nuestros representantes políticos uno podría llegar a plantearse que para algunos parece que nunca ha habido crisis.

Hablemos, por ejemplo, acerca de la «indemnización de transición» de la que van a beneficiarse los diputados que así lo deseen. Pedro Saura, diputado del PSOE, tiene el cuajo de afirmar «tiene que ver lógicamente con la indemnización en nuestra caso no es por despido pero es muy parecida a la que puedan tener el resto de trabajadores». Hombre, muy parecida, lo que se dice muy parecida… yo juraría que el tramo máximo de la prestación por desempleo que se aplica a los trabajadores por cuenta ajena (porque de los trabajadores por cuenta propia mejor ni hablamos) está en 1.397,83 euros… con dos hijos a cargo, una cifra que está bastante lejos de los 2.813,87 euros (más complementos) que van a cobrar sus señorías mientras siguen de vacaciones.

Por otra parte, tenemos también a los que ya se van subiendo el sueldo nada más entrar por la puerta, como es tradición en este país. Un gustazo ver que los más altos cargos del Govern de la Generalitat de Catalunya ya han visto su retribución incrementada en un 6,3%. Curioso, en este detalle no aprecio el «hecho diferencial» catalán. Serán cosas mías.

Y nada, ahora vamos a ver qué medidas de «austeridad» se aprueban para minimizar el impacto económico de la repetición de elecciones… seguro que nos sorprenden. Sobre todo con recortes por importe de 5.000 millones de euros a la vista.


Aclaración.- Soy de los que piensan que los cargos políticos deben estar bien remunerados (eso de «el salario mínimo multiplicado por tres» me parece hilarante). Pero también soy de los que piensan que hay que tener un poquito de vergüenza torera… hasta para ser político.

Bienvenidos al dilema de la Renta Básica Universal

Leí ayer, a sugerencia de Google Now, el artículo publicado en el diario Público por Alejandro Torrús «En las cunetas de la crisis». Un artículo que refleja la situación actual, en la que son muchos, muchísimos diría yo, los ciudadanos que, por unas razones u otras, se han descolgado del mercado laboral. Esto por no mencionar otras cuestiones que van a condicionar nuestro futuro y vamos a tener que afrontar antes o después (será más bien después, claro), como puede ser ésta que abordan Javier Benegas y Juan M. Blanco en su artículo «Las pensiones que vienen: otra gran estafa política».

Cuando escucho el discurso de nuestros representantes políticos, ésos que van a jugar un papel crucial en el diseño de un futuro para nuestra sociedad, me invade una profunda tristeza. ¿Qué motiva tanta desazón? Sencillamente que nos siguen planteando los mismos escenarios que hace 100, 50 o 15 años… como si la revolución digital que estamos viviendo no supusiera una transformación radical e irreversible del mundo. Las recetas de siempre. Reducir la precariedad, incrementar el salario mínimo, cambiar el modelo productivo para reducir la dependencia del ladrillo y el turismo. Una visión cortoplacista, miope, irrelevante. Palabras salvajemente huecas.

La palabrería vacía e inútil a la que ya estamos habituados, porque medidas de esa naturaleza, que podrían haber tenido algún sentido en el pasado, no sirven de gran cosa en el escenario futuro que comienza a dibujarse a medio y largo plazo. Ése que nuestros políticos no abordan, porque ni nuestra sociedad está preparada ni cuentan con incentivos para hacerlo. Porque nuestros políticos conducen mirando por el retrovisor y a nadie parece importarle demasiado.

Muy bien. Veo la apuesta y subo este artículo de Enrique Dans (no os lo perdáis, de verdad): «La plusvalía de las máquinas». Ah, y añado este otro artículo publicado en el blog profesional de José Francisco Alfaya, ya puestos: «¿Renta Básica Universal?». Esto, y no otra cosa, es lo que se nos viene encima.

Se avecinan grandes cambios y tengo la inquietante sensación de que ninguno de los partidos políticos de la escena nacional está preparado para asumirlos… y menos aún para tomar las decisiones necesarias. Ojalá me equivoque, por el bien de todos. El debate acerca de la Renta Básica Universal (RBU) aún no ha comenzado, pero no deberíamos tardar demasiado en abordarlo con rigor. Antes de que las cosas comiencen a ponerse feas. Feas de verdad.

Como dice el refrán… el que avisa no es traidor.

Petición: 26J sin subvenciones para los partidos políticos

A la luz del comportamiento de nuestros representantes políticos parece que nada va a impedir una nueva convocatoria de elecciones para el 26 de junio.

Si esto ocurre, nuestros representantes políticos serán «agraciados» con una nueva lluvia millones en forma de subvenciones. Les habrá tocado la lotería, vamos.

Como creo que su incompetencia no merece ser premiada, me sumo a todos los firmantes de esta petición publicada en la plataforma Change.org. Si estás de acuerdo, no dudes en firmarla también.

Al menos aún nos queda el derecho a la pataleta. De momento.

«Si hay nuevas elecciones, la nueva campaña electoral no tendrá subvenciones públicas» en Change.org.

Vía: «Exijamos a los partidos políticos que no cobren subvenciones si se vuelven a celebrar elecciones» en Gurusblog.

En defensa del populismo

Han corrido ya ríos de tinta debido a la intervención de Pablo Iglesias en un acto celebrado en la Universidad Complutense de Madrid. Vídeo a continuación:

Tras reflexionar sobre lo acontencido, Pablo Iglesias se disculpó a través de su cuenta de Twitter.

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Otegi, el fin y los medios

Anoche vi la entrevista de Jordi Évole a Arnaldo Otegi en Salvados y lo hice con gran interés. Con el mismo interés que puedo ver The Act of Killing o el mismo interés que tendría en ver una entrevista a Adolf Hitler o a Iósif Stalin.

¿Por qué? No sólo porque es algo que me permite asomarme al insondable abismo de la condición humana, sino porque quizás pueda aprender algo de la experiencia.

El momento álgido de la entrevista llega, para mí, en este momento (especialmente a partir del minuto 1:09).

Otegi cuenta con la habilidad dialéctica que se le supone a cualquier profesional de la política, pero… ¿qué cuerpo nos deja su tono de voz, su lenguaje corporal y, cómo no, ese «mensaje velado»? Ese instante en el que Otegi le recuerda a Évole que es «prudencial» evitar «espetar» ciertas cosas en determinados contextos…. por lo que pueda pasar.

No deja de resultar paradójico que una misma misma persona pueda defender la necesidad de que los crímenes del franquismo sean reconocidos y reparados y, al mismo tiempo, considere que se puede «pasar página» y olvidar, sin más, la actividad de Euskadi Ta Askatasuna, aunque nadie haya condenado lo ocurrido, el desarme no se haya producido, etc.

La entrevista de ayer pone de manifiesto algo evidente: que algunos consideran que cualquier medio es admisible para alcanzar determinados fines. Y si para alcanzar esos fines hay que asesinar guardias civiles, militares, políticos, periodistas o mujeres y niños, se hace. Si hay que secuestrar, extorsionar o enviar al exilio a todos aquellos que no apoyen nuestra causa, se hace. Porque el fin perseguido lo legitima. Y punto.

Supongo que ésa es la diferencia entre unos y otros… que algunos aún creemos que el fin no justifica los medios.

Jordi Pujol vs Democracia española

Titular en Mediterráneo Digital («Periódico Independiente Políticamente Incorrecto», dicen): «Jordi Pujol ‘amenaza’ al Estado: si va a la cárcel, publicará un dossier que hará caer la democracia».

¿Será cierto? Porque si lo es, ya está tardando

La gestión de los votos recibidos

«Ninguno de los que no han sabido negociar deberían presentarse como candidatos a la Presidencia del Gobierno, porque lo que no se le puede decir a la gente es que ha votado mal. La gente vota bien. Los que no saben gestionar el voto son los que tienen que sentarse a una mesa a negociar, y en ese caso, si no saben, por qué van a saber una segunda vez».

Mónica Oltra

¿Un aviso para navegantes gentileza de la vicepresidenta de la Generalidad Valenciana?

¿De verdad necesitamos una «policía» política?

Seguridad por libertad - Benjamin Franklin

Leyendo el artículo «Una agencia de control político de PSOE y Podemos con funciones policiales en Aragón», publicado por Ángel Collado en El Confidencial, no he podido evitar pensar en la magnífica película «La vida de los otros». Por lo que parece, algunos piensan que es necesario crear un ««ente», calificado de agencia, y sus agentes tendrán facultades para acceder a datos privados, hacer registros e interrogatorios o juzgar el comportamiento de altos cargos, funcionarios y en, algunos casos, de los particulares que traten con la Administración». Pero claro, no puedo evitar formularme una pregunta clásica: ¿quién vigila al vigilante?

¿De verdad sería razonable la creación de una fuerza parapolicial «legimitimada» para vulnerar los derechos fundamentales de los ciudadanos con total desfachatez? ¿No sería preferible incrementar los instrumentos de control y dotar de más medios tanto a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado como a las instancias judiciales? ¿Bajo qué criterios resulta razonable la idea de conculcar no sólo la legislación nacional, sino el clausulado de la Declaración Universal de Derechos Humanos? ¿Algo así podría considerarse un atentado de extrema gravedad contra los pilares de nuestra sociedad?

Para mí, las respuestas a todas estas preguntas son evidentes porque, desde mi punto de vista, el fin no justifica los medios.

Ahora bien, ¿podemos sorprendernos por el hecho de que el gobierno autonómico de Aragón esté promoviendo algo así? En absoluto, puesto que quiero pensar que todos recordamos aquella peculiar teoría de que para garantizar la independencia del poder judicial es deseable que algunos puestos clave de la justicia, como el Fiscal General del Estado, los magistrados del Tribunal Constitucional o los vocales del Consejo General del Poder Judicial sean designados atendiendo a su “compromiso con el programa del Gobierno”. Bueno, si alguien no lo recuerda puede leerse esta noticia firmada por Fernando J. Pérez en El País: «Jueces y fiscales ven «aberrante» que Podemos les exija adhesión al Gobierno».

No es motivo de asombro, pero sí de preocupación que algunos defiendan públicamente, sin pudor alguno, que el estado de derecho está muy bien… siempre y cuando se amolde a sus intereses.

Avisados estamos.

¿Hasta qué punto es compatible el islam con la cultura occidental?

Comenzaré este artículo aclarando, tal y como he hecho en otras ocasiones, que respeto el derecho a la libertad religiosa, tal y como se recoge en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Añadiré que soy agnóstico y no tengo interés alguno en defender ninguna religión. De hecho considero que todas las religiones son una lacra (decir esto es políticamente incorrecto, lo sé). ¿Por qué? Fundamentalmente por dos motivos:

  1. Todo conjunto de creencias basado en dogmas escapa a la razón. Los dogmas, en su calidad de revelación divina, no pueden ser discutidos bajo ningún concepto. Tan sólo deben ser reconocidos y obedecidos.
  2. Toda religión defiende sistemas de valores y modelos de convivencia. Por eso es imposible que los fieles mantengan apartadas dos dimensiones íntimamente interrelacionadas; así, religión y política están condenadas a ir siempre de la mano. No en vano toda religión defiende una cosmovisión concreta que es, además, la única correcta desde el punto de vista de sus fieles. Relativismo moral y religión son del todo incompatibles, de modo que es natural y comprensible que los creyentes de cualquier religión respalden normas de convivencia en sociedad alineadas con las de su fe.

Disciplinas como la antropología y la sociología han abordado el estudio de la influencia de las religiones en el desarrollo de distintos modelos de sociedad. En Europa, por ejemplo, es bien conocida la diferencia entre el influjo del catolicismo -en el sur- y el protestantismo -en el centro-.  A pesar de las diferencias existentes entre las diferentes ramas del cristianismo, es indiscutible que existe una base común construida durante siglos de historia en común que cimenta la identidad occidental.

¿En qué medida es posible compatibilizar este sustrato cultural, que ha devenido en una progresiva laicización de la sociedad europea, con la cosmovisión islámica?

El islam y el acervo cultural europeo

Esta pregunta no es nueva, como pone de manifiesto el hecho de que el Tratado de asociación CE-Turquía (Acuerdo de Ankara) se remonte a 1963. Turquía, como país de mayoría musulmana, podría jugar un papel clave en la aproximación entre oriente y occidente, los países miembros de la UE han sido reticentes a facilitar su incorporación al club comunitario… entre otras razones, porque los turcos son ajenos al acervo comunitario y al mínimo común denominador cultural que vertebra la identidad europea (de hecho, esta cuestión ha frenado también la entrada de otros países, como es el caso de Albania).

Se estima que hay en la actualidad entre 1.000 y 1.200 millones de musulmanes en el mundo. Según el Vaticano, el islam es la religión más extendida globalmente, ya que recientemente ha superado el número de católicos, y la segunda religión del mundo si se suma el número de fieles de las distintas confesiones del cristianismo. ¿Cómo podría pensar alguien que el islam puede ser una amenaza? ¿Tiene algún sentido formularse una pregunta como ésa?

Islam, religión de paz

A la luz de las cifras expuestas, es evidente que el islam es una religión ampliamente extendida. Sin embargo, ¿cuánto sabemos acerca de ella?

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