Hace bien poco este país afrontó una emergencia sanitaria de primer nivel. ¿Por qué? Porque nuestros representantes decidieron que un compatriota español tenía derecho a morir en España… aunque estuviese infectado por un virus incontrolable: el ébola. Desde mi punto de vista, la única medida racional hubiera sido tratar su dolencia en origen, sin poner en peligro a 46 millones de españoles y, por extensión, a un continente entero.
Con el asunto de los refugiados está ocurriendo algo equiparable, tal y como yo lo veo. La realidad es que la mejor solución a este problema no es permitir flujos migratorios sin control, sino intervenir sobre el terreno para poner fin al conflicto. Como es evidente esto tiene costes, pero… ¿no los tiene el proceso de integración de miles de personas?
Desafortunadamente, este discurso es políticamente incorrecto. Sin embargo, y tal y como apuntó recientemente un popular periodista, un tal Iker Jiménez, la corrección política tiene sus riesgos. Y después pasa lo que pasa, claro.
PD. Por cierto, comenta un amigo que «Tienes razón. El problema es que este éxodo es consecuencia directa de muestras políticas intervencionistas allí…» a lo que tan sólo puedo responder «Estoy de acuerdo contigo. La UE tiene su parte de responsabilidad en todo esto, de eso no hay duda. Sin embargo, la realidad es que en el conflicto sirio hay intereses interpuestos de potencias como China, Israel, Rusia, Turquía, todos los grandes países de oriente medio… por eso nadie interviene para poner fin a este dislate. Hacerlo es abrir la Caja de Pandora y nadie quiere asumir esa responsabilidad. Y, como siempre, los que lo sufren en mayor medida son los ciudadanos de a pie».