¿Subir el salario mínimo es tan buena idea como parece?

Gracias a la recomendación de un buen amigo he podido disfrutar de la lectura de este artículo de Juan Ramón Rallo titulado «Podemos empobrecerá a los más pobres con su ley de salario mínimo». Se trata de un artículo que aborda este asunto en profundidad, analizando cuestiones como qué es el salario mínimo y su relación con el salario medio y mediano, qué es la «productividad marginal del trabajador», cuáles son las posibles repercusiones del incremento del salario mínimo interprofesional aprobado a iniciativa de Podemos, etc.

Como hay un aspecto que pasa por alto y creo que debemos tenerlo presente, merece la pena complementar esta lectura con la de este otro artículo publicado por el mismo autor en 2012: «¿Cuál es el verdadero salario mínimo de España?». Reproduzco un fragmento a continuación:

«Pensemos simplemente en que todo empresario, a la hora de decidir si contrata o no a un trabajador adicional, se planteará si ese empleado es capaz de generar unos ingresos adicionales para su compañía de 14.000 euros al año. A aquellos que consideran que el salario mínimo es demasiado bajo y que no obstaculiza la creación de empleo habría que preguntarles si piensan que, en momentos como el actual, todos los empresarios saben como obtener, gracias al trabajo de una persona, ingresos adicionales de 14.000 euros. Yo, al menos, no lo veo tan sencillo».

Una cuestión que muchos tienden a pasar por alto es que el salario neto que percibe el trabajador no tiene nada que ver con el coste salarial que está obligado a asumir su empleador. De hecho, y parafraseando el titular de este artículo publicado por Vicente Nieves en febrero de este mismo año, «la presión fiscal sobre el trabajo en España es mayor que en Dinamarca o Noruega». En nuestro país casi la mitad de los costes laborales responden a la carga tributaria, que se dice pronto.

Lo más probable es que una medida como ésta, concebida para proteger a los más desfavorecidos, se vuelva, a la postre, en su contra (y, en añadidura, en contra de la economía española). Ed Rensi, ex-CEO de McDonalds, lo explica con claridad meridiana: «te garantizo que si el salario mínimo de 15 USD/hora se extiende por todo el país vas a ver un descenso del empleo que no podrás creer. Comprar un robot de 35.000 USD es más barato que contratar a un empleado que es ineficiente friendo patatas por 15 USD/hora». Y esto no afecta tan sólo a las grandes empresas, sino también al autónomo que tiene un pequeño taller de reparación de calzado con un empleado y a duras penas consigue cubrir gastos… ante un incremento del coste salarial no es descabellado pensar que puede verse obligado a pasar al trabajador a un régimen de media jornada, o a prescindir de sus servicios.

¿Cómo es posible, entonces, que se haya aprobado? En realidad es lo esperable sabiendo que son personas como Pablo Iglesias las que la han promovido… el mismo Pablo Iglesias que, como puso de manifiesto en esta entrevista que le realizó Carlos Alsina el pasado mes de junio, ignora cuál es el coste real de contratar a un trabajador en nuestro país. Dicho esto, aunque fuesen conscientes de las consencuencias de la subida salarial propuesta tampoco modificarían su postura. Juan Ramón Rallo explica con claridad el motivo:

«No existe ningún otro país desarrollado con una regulación salarial tan restrictiva y obstructiva, acaso porque sus consecuencias serían verdaderamente devastadoras: y lo serían, muy en especial, para aquellos trabajadores con menores sueldos. Si a Unidos Podemos realmente le preocuparan los sectores más desfavorecidos de la sociedad, mañana mismo procedería a retirar su pauperizadora proposición de Ley: no lo hará porque su genuina preocupación no son los trabajadores pobres, sino alcanzar el poder a hombros del populismo más descarnado… caiga quien caiga».

Gracias a esta medida España tendrá el salario mínimo relativo más elevado de toda la OCDE… y eso tendrá como consecuencia reducción del número de horas trabajadas, ralentización de la creación de empleos y, muy probablemente, aumento de precios y de la economía sumergida.

A estas alturas puede que alguien se esté preguntando… ¿y entonces cómo es posible que haya países con un salario mínimo interprofesional más alto que el que se ha planteado como objetivo en España? Tal y como señala Diego Lorenzana en este artículo, la clave está en la productividad.

Lean, analicen y extraigan sus propias conclusiones.

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¿Hacia una sociedad de idiotas?

Es una afirmación dura, lo sé. Por desgracia, es la única conclusión que podemos extraer el estudio realizado por la Universidad de Stanford al que hace referencia Enrique Dans en su artículo «El pensamiento crítico y su desarrollo». A la luz de los resultados que arroja este documento, es una realidad que cada vez somos más crédulos… y en un páis desarrollado comienza a resultar muy difícil echarle la culpa al analfabetismo o a la dificultad de acceso a la información. Habrá que buscar, pues, otras explicaciones para este fenómeno que pone de manifiesto no sólo el fracaso de nuestro sistema educativo, sino el de nuestra sociedad en su conjunto.

Precisamente la necesidad de promover la reflexión y el pensamiento crítico ha sido uno de los motivos que me impulsaron a poner en marcha Politikae, y la experiencia sólo me ha demostrado que iniciativas como ésta son más necesarias que nunca. Para muestra, un botón.

Hace dos semanas publiqué una entrada titulada «Trump, Podemos y la paja en el ojo ajeno» y uno de mis amigos la consideró lo suficientemente interesante como para compartirla en su perfil de Facebook. Algunos de sus contactos comentaron esta actualización y mi amigo tuvo la gentileza de invitarme a leer sus aportaciones. Como es natural, lo hice encantado; tener acceso a puntos de vista distintos al mío siempre me parece enriquecedor. Por desgracia, me vi obligado a responderle «veo mucha opinión y poca argumentación en los comentarios». La verdad es que podría haber sustituido «poca» por «ninguna» y hubiera sido más fiel a la realidad porque, como es evidente, una afirmación como «me parece muy simplista y además erróneo en demasiadas ocasiones» es una mera opinión, pero nada más mientras si no se señale qué es lo erróneo y cuáles son esas simplificaciones. En mi artículo expongo una serie de hechos, remitiéndome a fuentes contrastables, e incluyo citas literales e incluso algún vídeo. Todos somos libres de extraer nuestras conclusiones de los hechos expuestos, pero los hechos están ahí y son los que son. Para rebatir un argumento es necesario contrastarlo, contraponerlo a otro. Es una mecánica sencilla, pero no ha sido el caso. Quizás porque ponerlo en práctica requiere esfuerzo.

Otro ejemplo concreto es el artículo «¿Hasta qué punto es compatible el islam con la cultura occidental». Es un artículo políticamente incorrecto, pero no deja de ser una exposición de hechos que cuestionan la compatibilidad del islam con la Declaración Universal de Derechos Humanos. Afirmar con dedo acusador «¡islamófobo!» es muy fácil, pero rebatir los argumentos expuestos no lo es tanto… estoy pensando que también tendré que publicar algo sobre la corrección política, antes o después; el tema lo merece.

Me gusta debatir. Familiarizarme con puntos de vista diferentes, poner a prueba mi capacidad para argumentar y la solidez de mis convicciones me parece un ejercicio estimulante. Una conversación sosegada y rica en matices siempre debería aportar valor, ¿verdad? Todo esto teniendo claro que lo más probable es que al final todos los intervinientes sigamos manteniendo nuestras posiciones, pero quizás tras este intercambio de pareceres hayamos conseguido comprendernos un poco mejor. El respeto es esencial, tanto como recordar que cada uno luchará por convertir en realidad el modelo de sociedad que le parezca preferible.

Son muchos, mayoría quizás, los ciudadanos que no están abiertos a cuestionar sus propias creencias. No es un ejercicio fácil, lo reconozco, pero cuanto menos dispuestos estemos a hacerlo, más fáciles seremos de manipular por cualquiera que nos diga lo que queremos escuchar. Por suerte o por desgracia, las recetas simples para problemas complejos no suelen ser la mejor opción. O, más bien, suelen ser garantía de desastre.

Cuestionad vuestras ideas. Buscad fuentes de información con sesgos distintos. Leed, analizad, compartid, aprended, desconfiad, investigad, contrastad. Sólo así habrá esperanza.

Trump, Podemos y la paja en el ojo ajeno

Soy uno de los muchos que defendieron cuando comenzaron las últimas primarias para escoger candidatos a presidente de los EEUU que la representante por parte del partido demócrata sería Hillary Clinton y que el representante por parte del partido republicano sería irrelevante porque ganaría Hillary. Sin embargo, el 29 de octubre no tuve más remedio que cambiar mi postura… ante la apertura de la investigación de los correos de Hillary Clinton por parte del FBI, y considerando lo apretado de los pronósticos en la intención de voto, todo quedaba demasiado ajustado y cualquier cosa podía ocurrir. Hillary nunca fue una buena candidata, pero la lucha por el poder en el seno de los partidos políticos es lo que tiene.

Ya sabéis lo que pasó después: lo inesperado. Contra todo pronóstico, Hillary Clinton perdió las elecciones convirtiendo a Donald Trump en presidente de los EEUU. Bueno, faltaría a la verdad si no reconociese que algunos sí lo vaticinaron… este artículo publicado en julio por Michael Moore, por ejemplo, es para enmarcar: «Five reasons why Trump will win».

Es evidente que el gobierno de Trump va a tener un influjo indiscutible a nivel mundial, aunque probablemente mucho menos apocalíptico de lo que las promesas de un candidato desatado en campaña podrían dar a pensar. Una vez finalizado el circo de la campaña electoral, considerando las tensiones existentes en el propio partido republicano y teniendo en cuenta el efectivo sistema de controles y contrapesos de la democracia estadounidense,  seguramente no veremos cambios tan dramáticos.

Ahora son muchos los que se están rasgando las vestiduras ante el ascenso del populismo en EEUU, pero… ¿no sería prudencial prestar mayor atención a nuestro entorno más cercano? Vamos a intentarlo.

La nueva política comienza a parecerse demasiado a la vieja

El pasado viernes 11 se celebraron las primarias para liderar la formación política Podemos Madrid. Un proceso democrático en el que, según sus organizadores, participaron 27.223 personas. Un proceso para el que sonaron tres grandes nombres:

  1. Rita Maestre, portavoz del consistorio madrileño. Una representante de los ciudadanos condenada por un delito contra los sentimientos religiosos, que no ha dimitido a pesar de lo previsto en el propio código ético de Ahora Madrid. Los detractores de Donald Trump han denunciado repetidamente la gravedad de su «islamofobia»… pero se ve que el hecho de vulnerar un derecho reconocido por la Constitución Española y por la Declaración Universal de Derechos Humanos no es igual de grave en todas partes.
  2. Tania Sánchez, cuasi-tránsfuga, salpicada por la alargada sombra de delitos como la prevaricación, el tráfico de influencias y la malversación, y con una extraña relación familiar con las viviendas de protección oficial (al igual que su ex-pareja, Pablo Iglesias, Secretario General de Podemos, ver enlace precedente).
  3. Ramón Espinar, ganador de las primarias y en el ojo del huracán debido a las contradicciones entre su rechazo del uso especulativo de la vivienda de protección oficial y sus propios actos. Para profundizar acerca de este caso particular recomiendo la lectura de los artículos «Capitalismo de protección oficial: el caso Espinar» por Ignacio Gomá Landón en Hay Derecho y «Caja Madrid dio 19 millones a la cooperativa de Espinar con su padre en la entidad» por José María Olmo en El Confidencial.

A la luz de los resultados, los militantes de Podemos no han mostrado reparo alguno en elegir entre candidatos que no parecen demasiado preocupados ante las incongruencias entre sus palabras y sus hechos. Yo pensaba, en mi ingenuidad, que la nueva política era otra cosa… porque conviene recordar siempre aquellas palabras que Plutarco atribuyó a Julio César: «no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”.

Los populismos son siempre populismos

Lo cierto es que Podemos, partido populista de manual (en caso de duda recomiendo la relectura de «Combatiendo el populismo», artículo en el que abordo el concepto de populismo y el auge de estos movimientos en el continente europeo), es ahora mismo el segundo partido en intención de voto en nuestro país según los resultados que arroja el barómetro de octubre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Repito: Podemos es, en estos momentos, el segundo partido en intención de voto en España. Nada más y nada menos.

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La responsabilidad es del Estado. Por supuesto.

Leyendo una entrevista al nutricionista Aitor Sánchez me he encontrado con este párrafo inolvidable:

¿Quién es el culpable de que vivamos en este panorama? ¿Quién nos tiene que enseñar a comer bien?

La responsabilidad es del Estado, que tiene que formarnos, educarnos y controlar a qué estamos expuestos. Es salud pública. Cuando el Estado no controla a qué se expone su población, ésta va a desarrollar enfermedades derivadas de esa exposición. Nos expones a publicidad, una oferta de muy mala calidad, unos menús (de centros escolares y hospitalarios) muy deficientes… y todo esto hace que acabemos con estas tasas de enfermedades no transmisibles.

Nada más lejos de mi intención que abrir un debate acerca de la salud, del conocimiento científico o de los hábitos nutricionales de la sociedad occidental. La frase clave es, lógicamente, la siguiente: «La responsabilidad es del Estado, que tiene que formarnos, educarnos y controlar a qué estamos expuestos».

Pelos como escarpias. Parece que ser que los ciudadanos no somos responsables de nada. Tenemos todos los derechos y ninguna obligación. Esto, que mucha gente cree a pie juntillas, es demoledor. Como esos padres de una niña de 12 años que ha fallecido debido a un coma etílico y que están valorando la posibilidad de «presentar una denuncia contra el Ayuntamiento de San Martín de la Vega, en Madrid, por haber incumplido la ley antibotellón». Sí, los padres de esa misma niña que «ya había sido trasladada dos veces a su casa por la Policía en estado ebrio».

Así nos va y, como no vayamos espabilando, así nos va a ir.

El cuarto poder

A continuación reproduzco las palabras de Zanny Minton Beddoes, Redactora Jefe de una de las publicaciones más prestigiosas del mundo: The Economist.

«On this week’s cover we endorse Hillary Clinton for president. The choice is not hard. Donald Trump would be a terrible president. His experience, temperament and character make him horribly unsuited to being the head of state of the nation that the rest of the democratic world looks to for leadership. We disagree with virtually all his policies.

Our endorsement of Mrs Clinton is not simply a vote against Mr Trump. Our leader argues that Mrs Clinton is a better candidate than she seems and is better suited to cope with the awful, broken state of Washington politics than her critics will admit. She also deserves to prevail on her own merits».

Como se puede comprobar, no es un texto precisamente imparcial. Parece que algunos no quieren admitir que todos los medios de comunicación son parciales (unos más y otros menos) y, además, no puede ser de otra forma. En primer lugar, porque los seres humanos tenemos sesgos ideológicos y, en segundo lugar, porque los medios se ven condicionados por el entorno, la idiosincrasia de sus trabajadores, sus fuentes de financiación y un largo etcétera de factores. Y, ante todo, los medios de comunicación, como cualquier otra organización, tienen su propia agenda. Lo que hay es que saber leer entre líneas, claro.

Señores, para bien o para mal, éstas son las reglas del juego. Ya sé que utilizar como chivo expiatorio a los medios de comunicación que no son afines es muy socorrido… pero resulta un tanto lastimoso. C’est la vie

Galicia, sitio distinto

El resultado de las elecciones autonómicas celebradas en Galicia el pasado 25 de septiembre ha causado cierto estupor en algunos círculos… cosa que tan sólo pone de manifiesto un profundo desconocimiento de la idiosincrasia galaica. Pienso que el artículo publicado por Arturo Lezcano en Jot Down puede ayudar a arrojar luz sobre este asunto, ya que ofrece una completa retrospectiva del desarrollo de la identidad política en Galicia. Si no lo has leído, te animo a que lo hagas ahora: «Galicia, mundo y aparte (o por qué el PP arrasa)».

Desde mi punto de vista, el autor podría haber incidido más en el pragmatismo propio de esas latitudes, que permite poner una vela a dios y otra al diablo (porque ni uno es tan bueno ni el otro tan malo) y que, sumado a la distancia entre la galicia urbana y la rural, explica que pueda haber un gobierno conservador en la Xunta y gobiernos progresistas en la mayor parte de las grandes ciudades. Porque en cada momento hay que votar a quien conviene, claro, y eso va más allá de la ideología.

Por otra parte, no me cabe duda de que también ha jugado un papel clave es la situación de inestabilidad sin precedentes que está viviendo la escena política nacional… se trata de un factor que incentiva posicionamientos conservadores (con la que está cayendo, «virgencita… que me quede como estoy»). En esta ocasión la apuesta conservadora era la continuista, claro. ¿Sentidiño aplicado? Que cada uno extraiga sus propias conclusiones.

Nihil novum sub sole, en realidad.

Combatiendo el populismo

Ayer mismo publiqué el artículo «Y las urnas dijeron… stop populismo». Un buen amigo ha reaccionado afirmando «Populismo?… populistas son todos. Incluso el PP que lleva popular en sus siglas» y creo que ese comentario merece una reflexión por sí solo.

He utilizado el término «populismo» con anterioridad, pero no recuerdo haber intentado definirlo y creo que ha llegado el momento de hacerlo. Vamos allá.

¿Qué es el populismo?

Según la Real Academia Española se trata de una «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». Profundicemos un poco más.

Oportunismo

Los movimientos populistas florecen en situaciones de crisis económica y social, apoyándose en el malestar de grandes bolsas de población. Su desarrollo se basa en la defensa de propuestas electoralistas para acceder al poder y perpetuarse en él, incluso aunque estas medidas comprometan el desarrollo futuro del país a medio y largo plazo.

Tendencia a la simplificación dicotómica

Es decir, «buenos» contra «malos». La legítima defensa del pueblo (la patria) contra aquellos que sólo desean su destrucción (esos enemigos imaginarios, sean internos o externos, que actúan como chivo expiatorio y justifican lo injustificable).

Antielitismo

Directamente relacionado con el punto anterior, los movimientos populistas tienden a presentar los intereses de las clases económicamente más pudientes como separados y contrarios a los de las más bajas.

Radicalidad ideológica

Los movimientos populistas son movimientos radicales, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha.

Articulación de discursos emocionales

Utilizando mensajes simples que apelan a los sentimientos antes que a propuestas programáticas elaboradas.

Movilización social

La excusa perfecta para tratar de legitimar cualquier cosa. Demostraciones de fuerza basadas en manifestaciones y otras formas de movilización social, ignorando los cauces institucionales previstos por el ordenamiento jurídico que vertebran los estados modernos. Se apela a la democracia, ignorando premeditadamente que las consultas populares no están por encima de todo porque no existe estado democrático sin estado de derecho.

Utilitarismo institucional

Las instituciones se convierten en meros instrumentos para lograr la hegemonía política. Como éste es el único fin perseguido no hay reparo alguno en desvirtuarlas, pervertirlas o corromperlas todo lo que sea necesario para preservar el poder. La separación de poderes es un obstáculo para el populismo y, por consiguiente, uno de sus objetivos principales será desarbolar toda institución independiente que pueda limitar de alguna forma su poder.

Mesianismo

Basado en un liderazgo carismático que juega un papel fundamental para comunicar el mensaje del movimiento.

Supresión del disenso político

Las fuerzas opositoras son deslegitimadas de forma sistemática y recurrente. El 5 de febrero publiqué un artículo titulado «Comparando lo incomparable» en el que aseveraba:

[…] en la política moderna los gobernantes están obligados (moralmente) a hacer lo posible por cumplir los compromisos adquiridos con sus votantes a través de sus programas electorales, pero, al mismo tiempo, deben gobernar para todos los ciudadanos. Incluso para los que no piensan como ellos.

El problema de que el gobernante se identifique con “el pueblo” es que todo el que no piense como él, todo el que defienda posiciones distintas, será un enemigo del pueblo. La divergencia no cabe en este escenario, no hay discrepancia posible, y la democracia se convierte en un juguete roto: su mecánica natural deja de funcionar. Eso es, entre otras cosas, lo que caracteriza a los populismos: el líder visionario es el único representante legítimo del pueblo, su voz, el instrumento de su voluntad. Todos los demás son disidentes, traidores, miserables que no respetan los deseos de la “gente normal”, “los de abajo”, “la gente decente”.

El deber de los demócratas

Los movimientos populistas no entienden de colores… los hay de extrema izquierda, como Syriza en Grecia, y de extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia.

Reproduzco a continuación un fragmento del artículo «El BCE alerta del auge de los partidos populistas en Europa» en el que se enumeran muchas de las formaciones populistas activas en la Unión Europea:

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Y las urnas dijeron… stop populismo

Spanish Congress of Deputies election, 2016 result

Pasada ya la resaca de las elecciones de ayer, me gustaría compartir unas breves reflexiones acerca de los resultados.

Partido a partido

Partido Popular

No cabe duda de que el gran beneficiado de la repetición de elecciones ha sido el Partido Popular. Ha ganado en 42 provincias, consiguiendo catorce escaños adicionales (pasa de 123 a 137). Es el único partido que ha mejorado sus resultados en comparación con los comicios precedentes.

No puedo negar que a lo largo de las últimas semanas me he acordado repetidamente de las palabras de Esteban Hernández en el artículo que publicó en El Confidencial el 4 de abril con el título «Corrupción: La trampa que ha tendido Rajoy a sus rivales y que firmaría Mourinho»:

«Los populares han vivido un tiempo relativamente cómodo, con su líder en perfil bajo, a la espera del fracaso ajeno, y los demás no han salido especialmente bien parados».

Esteban Hernández

Y así ha sido. Los intentos de PSOE y Ciudadanos para formar gobierno no han hecho más que desgastarlos ante la imagen pública. El voto del miedo ha dado sus réditos y ha reforzado la posición de un Partido Popular liderado por Mariano Rajoy, que se perfila como nuevo presidente del gobierno con la abstención de PSOE y Ciudadanos.

PSOE

El PSOE ha salido malherido, haciendo gala del peor resultado electoral de su historia (pasa de 90 a 85 escaños), pero vivo. El escenario que se presenta es el menos malo, ya que la coalición con Unidos Podemos para formar gobierno no es viable y esto les permitirá mantenerse cómodamente como líderes de la oposición y, si están a la altura de las circunstancias, acometer un proceso de regeneración del todo imprescindible (tan apremiante como lo es para el PP). Pedro Sánchez es historia, el PSOE parece haber salvado los muebles in extremis… y, si no se ocupan de ordenar su casa, pueden encontrarse con más sustos. Ojito.

Unidos Podemos

Mantiene sus 71 escaños. Tras las expectativas generadas, es evidente que esta confluencia de confluencias ha sido la gran derrotada de estas elecciones. ¿Los motivos de que no haya mejorado sus resultados adelantando al PSOE? Son diversos, pero podemos enumerar algunos:

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Monedero, jueces y fiscales

El pasado mes de abril dediqué una entrada a la agencia de control político de PSOE y Podemos con funciones policiales en Aragón. En esta entrada denunciaba algo que es evidente: a la luz de sus declaraciones, salta a la vista que el núcleo duro de Podemos está formado por un grupo de sujetos que no creen en la democracia como sistema. Que conste que esto me parece muy lícito, cada uno es libre de creer en lo que quiera, pero lo que no me parece de recibo es que vayan de «adalides de la democracia» cuando los hechos ponen de manifiesto todo lo contrario.

Supongo que a todos nos traiciona el subconsciente de vez en cuando, como le ha ocurrido a Juan Carlos Monedero recientemente, y entonces decimos lo que realmente pensamos. Ah, y no es que lo diga yo… el colectivo de jueces y fiscales parece que piensan lo mismo: «Jueces y fiscales, contra Monedero por reclamar un Gobierno que dirija la justicia».

Aún a riesgo de ser repetitivo, insisto. Avisados, estamos.

«Marx y Engels eran socialdemócratas»

https://youtu.be/OapGc2VjsWg

El vídeo no tiene desperdicio. Un licenciado en derecho y en ciencias Políticas y de la Administración que fue profesor interino en una univerdad española y ahora es aspirante a la presidencia del gobierno afirma en un desayuno organizado por Nueva Economía Fórum que «Marx y Engels eran socialdemócratas». Sí, sí, se está refiriendo a los mismos Karl Marx y Friedrich Engels que redactaron el Manifiesto del Partido Comunista, que les fue encargado por la Liga de los Comunistas y publicado en 1848.

En realidad lo preocupante no es que alguien realice una afirmación como ésta sin ruborizarse, ni mucho menos. Lo realmente preocupante es que nadie le saque de su error de forma inmediata.

Marxismo en estado puro, sí… pero marxismo del de Groucho Marx, claro. De ése que decía «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.

Y así nos va a ir, claro.